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Porqu? soy Bombero


#2288 - 1--webmaster--Porqu? soy Bombero--2004-11-23 10:09:08

#Recuerdo el d?a que aprob? el examen de admisi?n en el cuerpo de bomberos con tanta claridad como recuerda un rey el d?a de su coronaci?n o un cardenal el de su elevaci?n a esa dignidad.





Cuando me enter? de que me hab?a ganado una plaza, colmaron mi vanidad visiones rom?nticas: madres ba?adas en l?grimas que me besaban por haber salvado a sus hijos, periodistas que me ensalzaban en sus editoriales, alcaldes que me condecoraban....

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Ahora, ocho a?os despu?s, se ha desvanecido toda visi?n rom?ntica. He trepado por escaleras de incendios miles de veces; y , a sabiendas de que en cualquier momento el techo pod?a desplomarse sobre m?, o el piso hundirse, o estallar un explosivo oculto. He visto morir a amigos y he llevado muertos en mis brazos. Justa es la raz?n de haber escogido al fuego como met?fora del infierno. ?Qu? podr?a ser m?s espantoso que la lenta agon?a de la piel que se chamusca hasta que se obstruye la garganta? Estar tan cerca de la muerte no me parece nada interesante, nada rom?ntico.





Despu?s de cada incendio el interior de mi nariz queda cubierto de holl?n y escupo las flemas negras de mi oficio. Tengo solo 31 a?os, pero me siento como si tuviera 50.





A veces, despu?s de un siniestro, alguien me pregunta como me encuentro. Me limito a menear la cabeza. Me siento como si hubiese ascendido a una monta?a, y gozo de la muda y personal satisfacci?n de la victoria.





Pienso entonces en el precio que los bomberos tenemos que pagar por esa victoria. ?Vale la pena ese constante ingerir veneno, ese agotamiento, ese envejecer? En lo econ?mico, no lo vale. Sin embargo, comprendo que no podr?a desempe?ar ning?n otro trabajo que me diera una sensaci?n tan grande de triunfo.





Hace poco, despu?s de un incendio, me halle sentado en el vest?bulo de un edificio de viviendas. Los bomberos hab?amos salvado a una mujer y a su hijo peque?o, pero se hab?a perdido una ni?ita de 18 meses. Uno de mis compa?eros descendi? por la escalera del edificio y fue a sentarse junto a m?. Llevaba en sus brazos a la ni?a muerta. El rostro de ese bombero estaba cubierto de tizne y de escamas de pintura quemada. Mientras esper?bamos que llegara la ambulancia, repet?a, una y otra vez: "Pobre criaturita. No la hubieran podido salvar". Alc? la vista y vi que ten?a h?medos los ojos: las corneas, rojas por el haberse arrastrado por infinidad de corredores hasta descender a abismos de negro humo, y la luz reflejada por las l?grimas daban brillo a su mirada.





Quisiera que todo aquel que se propone inscribirse para la prueba de admisi?n en el cuerpo de bomberos pudiera haber visto la tristeza de esos ojos, que explicaban por qu? combatimos los incendios. En aquel momento era yo parte de ese hombre sentado en el vest?bulo de una casa de vecindad, y ambos ?ramos parte de todos los bomberos del mundo.





An?nimo...

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